I Concurso de microrrelatos “Escritores del alba”

De pronto aquella flor que tenía en la mesita de mi habitación comenzó a bailar buscando la luz del Sol, oía de nuevo a los pajarillos canturrearse al oído, olía a pan recién horneado y a café molido. Abrí mis ojos y todo pasó de estar oscuro a tener luz, color y sentido. No sabía que lo que había presenciado era un nuevo amanecer.

Finalista del I concurso de microrrelatos “Escritores del alba”

Ana Belén

Liberación de tortugas

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Hace una semana fui a Puerto Escondido, Oaxaca. La verdad es que no tiene mucho para visitar, no es muy turístico, es decir, se ve un pueblo muy mexicano y muy poco explotado. Por un lado, eso es bueno porque así ves la esencia de sus habitantes, no los típicos puestecitos de collares, pulseras y regalos típicos de la zona. Pero, por otro lado, lo vi demasiado virgen y demasiado atrasados para ser una zona a la que van tantos turistas y, sobre todo, tantos deportistas a practicar surf.

Una de las mejores cosas de Puerto Escondido es su mentalidad para protegerse y proteger la fauna y la flora autóctona. En una zona de la playa, cercana a la montaña y no muy turística, habían colocado unas citas cercando la zona y cada tarde, desde agosto hasta marzo, liberan tortugas. Son tortugas nacidas el mismo día, algunas tienen 8 horas pero otras tan sólo 2. El proceso consiste en coger a las tortugas mediante una cáscara de coco tallada, para no hacerles daño, y después se dejan sobre la arena al principio de la zona vallada. Es curioso, y muy bonito, ver cómo éstas pequeñas de horas de vida son capaces de encontrar su camino hacia el mar. Pero más curioso es ver cómo las olas del pacífico rompen contra ellas pero éstas se dan media vuelta y siguen su camino hasta que finalmente se pierden en el mar.

Es muy bonito ver el ciclo de la vida, pensar que éstas tortugas volverán a la misma playa a desovar para empezar de nuevo. Y mira si es fascinante que si te llevas los huevos de Puerto Escondido a las playas de Baja California, ésas tortugas volverán a Baja California a desovar. Siempre vuelven al lugar que las vio nacer.

Ana Belén

Dejar atrás

Hay que saber dejar atrás. Y no hay más.

¡Qué bella es la vida!, ¡ay qué bella! Eres feliz, tienes tu vida, tu trabajo, tus estudios, tu familia, tienes un proyecto de futuro y, de repente, ZAS. Todo se esfuma… te encuentras perdido, muy asustado, sientes que tu vida ya no tiene sentido porque crees que todo lo que tenía ya no lo tienes, crees que lo has perdido todo. Pero en realidad no es así.

Quizás es verdad que has perdido algo de tu vida, algo que para ti era muy importante y que creías el centro de tu vida pero eso no es así. El centro de tu vida, el motor de tu vida, lo que te mueve eres TÚ mismo. Es por ello que aunque algo te falte no puedes sentir que toda tu vida se ha desvanecido porque sigues estando TÚ. Y debes dejar atrás cualquier cosa mala que pase en tu vida, solo así conseguirás avanzar en la vida y progresar como persona. Si una persona ha decidido alejarse de ti quiere decir que algo mejor está por llegar, si has tenido una enfermedad algo debías aprender del proceso, si te han echado del trabajo algo mejor está por llegar también… la vida no es mala con nadie, solo hay que saber aprovechar las oportunidades que nos da y ser positivos con cada derrota porque es el inicio de una nueva oportunidad. Así que ánimo y a comerse el mundo!

Ana Belén

Cuando éramos pequeños..

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¿Te acuerdas de cuando eras pequeño? Cuando soñabas con ser mayor, con ir a la Universidad porque “¡oh! seguro que no es tan difícil porque estudias lo que quieres”, cuando querías trabajar para tener dinero y comprarte ese juguete que mamá no te daba el capricho de regalarte, soñabas con “eso” del amor, con salir por ahí de juerga con tus amigos, ir a las discotecas, ¡beber cerveza!, irte de vacaciones con los amigos o ir a un concierto aunque no conozcas ni la mitad de canciones del grupo que toca, pero vas por pasar un rato agradable con tus colegas.

¡Ay! Cuando éramos pequeños…

No sabíamos que teníamos el mundo a nuestros pies. Será verdad aquello de que no apreciamos lo que tenemos hasta que lo perdemos. Pero la infancia pasa y no nos damos cuenta, la perdemos, es efímera. No vuelve. En la foto que he colgado no podía reír porque me partí un diente jugando en casa de mis padrinos y el disgusto que me pillé fue poco. Apenas hablaba, comía a escondidas, no me reía… ¡menuda semana pasé!

Lo que quiero decir es que ojalá hiciéramos caso de todos esos consejos que nos dan nuestros padres del tipo “disfruta ahora que puedes, aprovecha que eres joven…” cuando somos pequeños. Porque luego se nos pasa la vida, queremos madurar demasiado deprisa y después nos entra la melancolía.

Ana Belén

Palmeras en la nieve

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Gracias al Dios Netflix, hoy he visto la película Palmeras en la nieve. ¡¡Qué gran película!! Está muy bien documentada, muy bien argumentada, situada en el contexto de la época y muy buenos los cambios de tiempos pasado-presente.

Como no soy crítica de cine me voy a centrar en Describir el fondo tan bonito que tiene la película. En concreto, la historia de amor que viven los dos protagonistas de la película.

*Atención spoilers

Es una historia de amor que te enseña a luchar por lo que quieres sin importar lo demás, da igual que estés ya casada, que no seas pura, que te hayan violado, que te hayan humillado o que tengas un hijo. Da igual. Eres pura en el corazón y tus sentimientos nadie puede pisarlos. Dice la película:

La vida es un tornado: paz, furia y, otra vez, paz. 

¿Verdad? Pues sí. Y en el amor también, subes, bajas, subes y vuelves a bajar. Pero lo mejor del amor es que aunque subas y bajes como una montaña rusa, si la pareja se quiere de un modo fuerte e infranqueable, da igual que el mundo se desmorone a su alrededor, como en la película, da igual, la pareja sigue en pie. Da igual que la pareja se separe, sus corazones siempre seguirán juntos. Da igual que uno de los dos muera, sus almas seguirán cogidas de la mano. Porque el amor es lo que tiene, el amor es el mayor sentimiento que uno jamás podrá experimentar. El amor… es el sentimiento más puro y el más fuerte del mundo.

Ana Belén

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Hoy hace 200 días que me vine a vivir a Puebla, México.

Aunque a veces intente olvidarlo, me vine por decisión propia, por intentar salir de una mala racha personal que aquí fue de mal en peor. Intenté escapar y me sentí más prisionera de mí misma que nunca. Creí que por alejarme de lo que me hacía daño acabaría con ello y no fue así. Sé que todo han sido decisiones mías y así quiero dejar constancia.

Dejando de lado todo lo emocional, estos meses me han servido para conocerme a mí misma. Para darme cuenta de hasta donde soy capaz de llegar, que puedo ser más abierta a los demás, a conocer gente, que la timidez no me sirve de nada, he superado mi curso académico de la mejor manera posible y me siento orgullosa de mí misma. Siento pena por ciertas cosas que han pasado pero tengo que pensar que si nada de esto hubiera pasado, nada de lo que tengo ahora me estaría esperando. En 37 días me voy a Alemania para estar con una nueva familia, aprender alemán y sobre todo empezar a organizarme mi vida y mis metas, y ser yo misma.

Pero no todo en México ha sido malo. Como país me ha gustado mucho, tienen una cultura muy enriquecedora, unas tradiciones muy arraigadas y centenarias y una gastronomía exquisita (aunque mi estómago se resienta). Siento que he aprendido mucho de México como país y como cultura, pero no tanto de la manera de ser de sus gentes que, lejos de ser una critica destructiva, tienen un modo de pensar un tanto arcaico que no me gusta para nada. Además de que las clases sociales están muy diferenciadas y demasiado pronunciadas… la corrupción también hace mella en ello y, excepto en barrios ricos, las calles y casas se ven deterioradas. (Podéis ver vídeos que he colgado en Instagram: @anabelen_av

En cualquier caso, siempre recordaré México con cariño, sobre todo por toda la gente nueva que he conocido y que echaré de menos. Echaré de menos también la comida y sus fiestas y tradiciones.

¡¡Viva México, cabrones!!

Ana Belén

“No somos nadie”

Cuando se produce una pérdida a nuestro alrededor, sobre todo las personas mayores, pronuncian la típica frase de “No somos nadie”. ¿Será verdad? Un día te levantas eufórico, pletórico por afrontar un nuevo día, vas a trabajar, destacas, te felicitan y, de vuelta a casa, todo cambia. No somos nadie. De repente, te despiertas con una brecha en la cabeza y todo el cuerpo magullado, no sabes si por el golpe o por la ostia que le acabas de pegar a tu moral. Pero estás mal. ¿Qué te da más impresión: la sangre que derramas por la boca o ver que no tienes a quien tu quieres a tu lado? No somos nadie.

Ahora toca reponerse de las heridas, no sé si curarán antes las emocionales o las físicas, pero tienen que sanar. Porque no somos nadie. Porque somos nosotros mismos, dueños de nuestra vida y de nuestros actos y nosotros decidimos si dejamos que las acciones de los demás nos afecten más o menos. Somos lo que queremos ser. Ni más ni menos. Del resto ya se encarga el destino.

Dedicado a ti, con todo el cariño del mundo.

Ana Belén

La noche está estrellada

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Pablo Neruda empieza mi poema preferido escribiendo “La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”. Tú te fuiste y no me dejaste un mapa de constelaciones donde poder seguir tu caminar. Me dejaste sin dar ninguna explicación y sin decir adiós. Lanzaste mi corazón al vacío y ahí me quedé: en el vacío de la noche, en su inmensidad.

La luna me vio, y me tendió la mano. ¡Gran afortunada fui! Pudimos recomponer mi pequeño corazón con el llanto de los astros y pude levantarme con la fuerza de la galaxia. Miraba al cielo y las estrellas formaban figuras asimétricas y yo jugaba con ellas a adivinar. “Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella”, pero llena de un ruido ensordecedor que hace que me retumbe en la cabeza todo el amor que no me dio. Hay tanto ruido que, de pronto, me paro y grito, “mi voz buscaba el viento para tocar su oído”.

Estos son los últimos versos que yo le escribo.

Ana Belén

 

Mar y playa

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Me gusta la playa. Me gusta sentir cada grano de arena correteando por mis pies y que la arena sienta la presión de mi caminar sobre ella. Pasear. Sentir el Sol sobre mis hombros, como si me quitara la mochila de sentimientos que llevaba al entrar. Seguir paseando. Notar cómo el viento me pica la piel porque arrastra arena y que me arranque las escamas de lo negativo. Pararme frente al mar y alzar mis brazos al aire como si quisiera abarcar todo el océano en mi ser. ¡Qué inmensidad! Miro al final queriendo distinguir dónde sigue el mar y dónde empieza el cielo. ¡Qué bello! Sigo paseando. Ahora siento el frío del mar en mis pies, pero me gusta que él sienta mi calor. El círculo de la vida, de la naturaleza, unos dan, otros reciben y el círculo se cierra. Las olas chocan contra mí mojándome la ropa y la piel se me eriza; tengo frío, pero el Sol me calienta.

No puedo evitar sonreír ante tal maravilla de la naturaleza.

Ana Belén